Monitoreo continuo de servidores físicos y virtuales, uso de CPU, memoria, almacenamiento y servicios críticos para prevenir fallos antes de que impacten la operación.
Alineación de la tecnología con los objetivos del negocio.
Notificaciones inmediatas ante incidentes críticos y reportes ejecutivos mensuales con métricas de rendimiento y recomendaciones de mejora.